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Los trastornos psicológicos de un atentado terrorista

abril 2, 2012

Dentro de la gran cantidad de consecuencias que produce un atentado terrorista, existen muchas de carácter psicológico que no resultan tan visibles como la muerte –la más grave de ellas- o las heridas, mutilaciones y pérdida de miembros. Sufrir un atentado en primera persona o como familiar conlleva muchos tipos de trastornos que, en ocasiones, ni siquiera son reconocidos por el sujeto y requieren de un tratamiento.

María Paz García-Vera, Directora de la Clínica de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, se dedica a la atención a víctimas de atentados terroristas. Según los resultados de un programa de estudio que llevan a cabo en la UCM, el 38% de las personas entrevistadas que han sufrido un atentado tienen síntomas de ansiedad y depresión, y el 77% de éstas también padecen estrés postraumático. Además, un 66% sufren otro tipo de trastornos diferentes a este último y que tienen que ver con atentados, aunque hayan pasado muchos años.

“Hay que romper con el mito de que el estrés se transmite al resto de la población, porque afecta más a los que han perdido familiares”, afirma García-Vera. La doctora explica que se puede dar un bloqueo a nivel cognitivo, por ejemplo mediante determinados colores o sensaciones. “Hay veces que las personas quieren dejar de sentir, evitar emociones y pensamientos para poder aguantar el sufrimiento”, indica. Otra de las reacciones dentro del estrés postraumático es que también “bloquea la culpa de haber o no haber hecho, de no poder ser mejores cuando te falta un familiar, de asilarse porque creen que nadie puede entender cómo se sienten”, añade.

Este tipo de síntomas también se juntan en un 60% de los casos con los de la depresión. Como señala García-Vera, “la tristeza es necesaria para romper con la vida anterior y vivir en la realidad, porque un atentado hace que se desmoronen las creencias y se reforma todo lo que tienes alrededor”.

Además de estos trastornos, existen otros dos muy frecuentes y también grandes olvidados. En primer lugar, los trastornos de pánico. Estos ataques se producen cuando una persona, de forma repentina, siente unas reacciones físicas muy intensas que le provocan miedo, como palpitaciones, nauseas, temblores, opresión en el pecho, etc. El tratamiento más importante para enfrentarse a ellos es saber por qué se producen. Normalmente, el primer ataque de pánico tiene lugar en situaciones de estrés y ansiedad de forma combinada.

El segundo de los trastornos olvidados es la agorafobia, es decir, evitar lugares públicos por miedo. Según García-Vera, existe un gran número de personas que lo llevan a escondidas porque no quieren que interfiera en sus vidas, pero también hay gente que no sale de su casa en tres meses. “Numerosos casos llevan con agorafobia desde el atentado y no pueden ir a ningún sitio solos, siempre debe acompañarles alguien”, explica. Todos los individuos con este trastorno han sufrido antes de pánico. “Cuando alguien relaciona los ataques de pánico con determinadas situaciones, las evitará. Ése es el primer paso hacia la agorafobia”, comenta.

Entre las víctimas del terrorismo, es mucho más frecuente la agorafobia a los ataques de pánico por una mayor vulnerabilidad, por ello estos últimos afectan más a la población general. El problema, como señala García-Vera, es que existen muchos afectados que sufren ataques de pánico durante años y se resignan a ello, sin pensar que pueden vivir mejor.

Rosana B. Crespo

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